Yo me tomo un Donut de chocolate con un café con leche muchas mañanas. Si, ya sé que no es muy sano pero algún vicio hay que tener.
Desde hace algunas semanas, en lugar de traerme el donut en un plato, tal cual, me lo traen en una fantástica cajita de plástico que yo mismo abro. Encuentro que es un packaging ideal para los supers. En los bares también es un fantástico avance tanto en conservación (se embasa supongo al vacío) como en higiene porque no hay riesgo de que lo toque un camarero de manos semilimpias o una mosca deje sus larvas en él.
Sin embargo, para mi, pedir un donut en el bar ha perdido todo su encanto. Tener que abrir una caja de plástico para sacar el Donut le ha hecho perder su encanto de "bollo" y pasa a ser un producto de supermercado. Antes competía con el croissant, con una palmera, incluso con las tapas o los bocadillos en los bares pero ahora ya es otra cosa con aspecto mucho más industrial y de supermercado que artesanal y de pastelería. Ya supongo que le resto de pastas son igual de industriales y que encima son menos higiénicas que el nuevo Donuts pero estamos hablando de emociones y no de análisis racionales.
Para mi es como si en lugar de pedirlos en la barra hubiera que comprarlos en una máquina de vending. El Donut sería el mismo pero la experiencia de compra sería radicalmente diferente.
Además, si son exactamente iguales a los que venden en el super pocos metros más arriba, cada vez se hace más difícil justificar el diferencial de precios. Al menos que me abran la caja y me lo sirvan el en plato con una servilletita de papel no???
Los hábitos de compra son mucho más emocionales e impulsivos de lo que queremos reconocer y nunca hay que obviar esas emociones.
En fin, ojalá me equivoque y este cambio dispare las ventas en bares pero si yo fuera Director de Marketing de Panrico y la venta en bares fuera importante, me estaría tirando de los pelos.